domingo, 26 de junio de 2011

La otra puerta

Se agujerea el cuerpo
hoyos de oscuro material angustia,
de la inminencia
que no sabe de derrotas.
Tan solo esperaba
el sonido de tus colores.
Pero la realidad desgarrante
no pacta con el tiempo;
no supo esperarme siquiera una duda.

miércoles, 15 de junio de 2011

Como mi despedida

Nunca enteraste
cuando te miraba.
Esa ruta estrecha
que obligaba mis ojos a tus labios,
intransitable para todo
pensamiento.
Había ofrecido desnuda,
mi libertad.

A tus ojos
mentirosos
como un siempre.
Un todo
sabrá estimar
mi poco,
auténtico.

jueves, 9 de junio de 2011

Tan egoísta es el recuerdo
que regresó y sopló,
justo que acomodaba
las últimas piezas
de mi equilibrio.

domingo, 24 de abril de 2011

Una o La cachetada

I
En la noche glaciar o en la tarde de ruta,
mientras mis ojos buscaban descanso
en el saludo de los árboles,
tu sinceridad se desnudaba,
y mis decisiones, de reflexiones prudentes,
se desvanecían.
II
En la casa que abrazaba
con delicado recelo
la oscuridad del temible abandono,
en tanto apreciaba el retrato de tu lectura,
la diosa idea, de vergonzante fantasía, no resistía,
la salvaje elegancia de tu libertad.
III
Restregándome entre los residuos de la siesta,
en tanto reestimo
las precisas dimensiones
de mi soledad,
el escape inminente pareciera perderse,
mientras tu mirada me regala
airada sencillez.

jueves, 10 de marzo de 2011

Si describo el amanecer que despierta en rumores
o la noche que nadie apaga.
Si nombro los jardines hermanos del rocío
o evoco la distancia que no es olvido,
pero es distancia.
Si canto, todavía, si canto:
¡oh tiempo nunca serás tan largo como el arte!
o me siento y sentencio:
“la envidia del infinito al verme dormido en tus notas”.
Todo aquello, que es nada
no es porque te busque
sino porque esquivo lo inefable.
¿Qué aliento sudará la voluntad?

lunes, 31 de enero de 2011

Tus pecas:
el cielo en color sueño.
Tu mirada, teatralizada de cotidiano,
ahora es la tarde cuando se atrasa la luna,
la noche que se guarda en el estante
el ujier la acicala
para la próxima obra.
Ellos, los que guardan celosos el instante infinito.
Tu presencia:
energía impalpable,
cual la órbita.
Tan decisiva como invisible
cual la gravedad.
Escapás a la vulgaridad de las dimensiones;
Te sentás
parás
volvés,
mirás el almacén de pensamientos
con ojos atajados.
Tus labios:
el recuerdo
cuando se acuesta en la nostalgia;
erizan.

Eras extraña;
porque eras la verdad.


¡Monopolio del estímulo eterno!
¡Sos el tiempo que se burla de las horas!
I
Es el sol que se esconde
en la panza de la tierra;
el horizonte
que sorbe el camino,
acercándome.
II
Alejándome.
La realidad que se esconde
en el espacio,
como el Amazonas
a espaldas de los edificios.
III
El hoyo donde la tierra
intenta reposar
te sostiene,
entristecida,
como la mano a la limosna.