jueves, 10 de marzo de 2011

Si describo el amanecer que despierta en rumores
o la noche que nadie apaga.
Si nombro los jardines hermanos del rocío
o evoco la distancia que no es olvido,
pero es distancia.
Si canto, todavía, si canto:
¡oh tiempo nunca serás tan largo como el arte!
o me siento y sentencio:
“la envidia del infinito al verme dormido en tus notas”.
Todo aquello, que es nada
no es porque te busque
sino porque esquivo lo inefable.
¿Qué aliento sudará la voluntad?

lunes, 31 de enero de 2011

Tus pecas:
el cielo en color sueño.
Tu mirada, teatralizada de cotidiano,
ahora es la tarde cuando se atrasa la luna,
la noche que se guarda en el estante
el ujier la acicala
para la próxima obra.
Ellos, los que guardan celosos el instante infinito.
Tu presencia:
energía impalpable,
cual la órbita.
Tan decisiva como invisible
cual la gravedad.
Escapás a la vulgaridad de las dimensiones;
Te sentás
parás
volvés,
mirás el almacén de pensamientos
con ojos atajados.
Tus labios:
el recuerdo
cuando se acuesta en la nostalgia;
erizan.

Eras extraña;
porque eras la verdad.


¡Monopolio del estímulo eterno!
¡Sos el tiempo que se burla de las horas!
I
Es el sol que se esconde
en la panza de la tierra;
el horizonte
que sorbe el camino,
acercándome.
II
Alejándome.
La realidad que se esconde
en el espacio,
como el Amazonas
a espaldas de los edificios.
III
El hoyo donde la tierra
intenta reposar
te sostiene,
entristecida,
como la mano a la limosna.

sábado, 11 de diciembre de 2010

Un recuerdo

…En última instancia lo que amamos es nuestro deseo, no lo deseado…
F. Nietzsche


Un recuerdo que invoca el deseo,
Un recuerdo.
Un recuerdo de tu abrazo falso
Que dilataba el metal,
Un recuerdo.
Un recuerdo de tus tardes de ausencia
Que hipnotizaban mi escena,
Un recuerdo.
Un recuerdo de tu beso edulcorado
De poder de la naturaleza,
Un recuerdo.
Te vestiste de mi esclavitud,
Criatura venerable,
Como una reina con la de un pueblo.
Belleza redonda
Inalcanzable para la ciencia,
Rutina que no aburre
Camino que esconde el horizonte.
Un recuerdo de tus páginas húmedas
Se desintegra en mis sueños.
Esas páginas donde suelo escupir
Mi desangrado rencor.
Un recuerdo;
Esa es la incalculable riqueza
Que me obsequiaste sin saber.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

...Sueño, heroína del cine blanco y negro...
Caminaba su laberinto y mientras tanto adelantaba un pie al otro. Era el barrio más olvidado, solía decir su abuela, en sus continuas citas del pasado que la acercaban a lo habitual. De paso ansioso intentaba recordar su presente de casas bajas nomencladas por su lejanía de la avenida.
La avenida
En ella descansaba toda la esperanza de progreso de la comunidad. Cada adoquín reemplazado esa tarde de horas asimétricas, decoró de áspero suceso toda su ilusión. Esas fueron las recetas codiciadas por el pueblo.
El pueblo
De paredes despintadas, ojos violetas y árboles relajados. Las casas que se empujaban para tocar la avenida, terrazas decoradas de golondrinas y sus excrementos.
Ahogado de abstracciones no dejaba de citarlas, y así, las vestía de círculo.
El círculo
Conseguía confundirse con la rotonda de la avenida, dispuesta exactamente en la mitad de la misma, pero no podía referirse a otra cosa que a la vida.
El paso que no quería perderle el paso se aceleraba inevitablemente. Ya había dejado atrás dos cuadras desde que bajó del colectivo y no paraba de pensar en ese pueblo, esa avenida, ese círculo.
Todo encaminado así como se lo vio a su proyecto vagar por sus células, jamás. El, con frecuencia, se contaba estas cosas; quizás similar a mi manera, pero corría con la ventaja de la decisión de tratar de decidirse, mientras él sigue en el contorno. Muchas veces lo ha logrado pintar con colores muertos que aparentaban un grado de realidad conmovedor; lograron sonreírlo, llorarlo.
Sonreír, llorar
Ningún color, aroma, sonido, textura;
O todos juntos.
En los extremos dormita la nada;
Corren por dentro.
A esas dos cuadras se le sumaron cortadas y bocacalles, pero nada se parecía al sueño.
Esperaba; la motivación
-Sólo estás despierto, ya te vas a dormir.
El primer indicio de humanidad lo experimentó en la segunda esquina. Dos personas que se saludaban;
-Persona 1- ¡Hola! ¿Cómo andás?- Una mujer de unos probables 70 años de joroba pronunciada y mirada inquisidora, sonería cuidadosamente para sostener los dientes artificiales y vendía su aspecto de sagrada escritura. Porque solo lloraba escondida en su habitación.
-Persona 2- Todo bien. ¿Usted?- Un muchacho, pelo ataviado, de cortesía desganada.
Ahí encontró al hombre. No en una boca chorreada de sangre desgarrando la carne del vecino, sino en una costumbre opaca y aburrida. En el rito de un saludo deshonesto.

viernes, 26 de noviembre de 2010

El placer de la siesta
Te lloraba.
Vengadora de los cuerpos indemnes.
Cara de cachetes magros, suaves, sutiles,
Rojos verdes violetas.
El robo de la calandria
Te hace homenaje.
Los acordes que te envidian.
El este de la cama, sin tus huellas,
Se desorienta.
La rosa que te espera
Desaviándose.
Ojos donde escondes el secreto
Que no se vende
En la noche de noviembre.
Ojos negros profundos
Ojos grises
Donde amarra el bote el pescador.
Dientes fríos, saben callar mentiras
Que decoran toda realidad.
Solo así se pudo describir el ocaso
Rojo platinado.
Labios color de beso
Aroma de la tentación.
Gestos tallados a punta de inocencia
Con pasados oscuros
De sufrimientos repetidos.





Así, no te busco.
Y si te encuentro,
Me pierdo.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Color agrio, áspero, de bordes transparentes.
Raspás el contorno de mi olfato
para que el oído mantenga el equilibrio.
Dictás la semblanza de mi tacto
Y la vista recorre;
El rouge del mar en la arena, en el crepúsculo de cuba
El barco que persigue a la luna.
Y en la lengua
Cual ciénaga
Pantano marrón pardo
De quejas incoherentes,
Obsequias tu blasfemia
A un gusto prosternado.
Vino,
color voluntad.